Esa esquina no es buena

Cuando llegue a Antofagasta conseguí trabajo en un restaurante y a veces salía muy tarde. Como recién había llegado no conocía mucho, así que mis tías decidieron ir a recogerme todas las noches. Un día estaban entre la calle Sucre con Latorre, esperándome habitualmente, cuando sienten que una señora con vestido corto y tacones les grita: “Chiquillas ahí no, esa esquina no es buena”

Desde entonces, mis tías, ya no volvieron a recogerme…