Los gritos estancados en mi alma convulsionan mis sentidos…

Lo único razonable de esta desazonada página, es mi empatía con la desgracia, y el fantasma gris que acompaña mi karma oscuro y pálido, envuelto en la niebla blanquecina de mi pobre y pisoteada alma.

Quiero odiarte con tal benevolencia que mis entrañas aparten tu recuerdo de mi agrio corazón.

Este insípido pensamiento de amarte aún con este odio agusanado, carcome por dentro los huesos enclenques donde se posaba mi altar hacia ti.

Le reclamo al destino perverso que como trampa dejo que te cruzaras en mi camino, este sombrío camino que por desgracia tu llenaste de color, pero hoy que te recuerdo, lo veo más pálido que en antaño, hoy está más negro que el infierno y quema más que brazas ardiendo en mi pecho. Los gritos estancados en mi alma convulsionan mis sentidos y me quedo petrificada de miedo por saber que no debí darte ni un trozo de mi podrido y hueco corazón.

No hay lágrimas, por que mi dolor está por dentro, por donde duele más, por donde yo misma me flagelo cada vez que te cruzas por mis inadvertidos pensamientos.

Me odio más a mi que a ti, me odio por darte aquello que no debí, me odio por escribir tu nombre en cada parte de mi, me odio por sentir tu perfume en mi nariz, me odio por querer odiarte con todas las fuerzas de mi ser, me odio porque por cobarde no puedo ni siquiera odiarte.

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