Los gritos estancados en mi alma convulsionan mis sentidos…

Lo único razonable de esta desazonada página, es mi empatía con la desgracia, y el fantasma gris que acompaña mi karma oscuro y pálido, envuelto en la niebla blanquecina de mi pobre y pisoteada alma.

Quiero odiarte con tal benevolencia que mis entrañas aparten tu recuerdo de mi agrio corazón.

Este insípido pensamiento de amarte aún con este odio agusanado, carcome por dentro los huesos enclenques donde se posaba mi altar hacia ti.

Le reclamo al destino perverso que como trampa dejo que te cruzaras en mi camino, este sombrío camino que por desgracia tu llenaste de color, pero hoy que te recuerdo, lo veo más pálido que en antaño, hoy está más negro que el infierno y quema más que brazas ardiendo en mi pecho. Los gritos estancados en mi alma convulsionan mis sentidos y me quedo petrificada de miedo por saber que no debí darte ni un trozo de mi podrido y hueco corazón.

No hay lágrimas, por que mi dolor está por dentro, por donde duele más, por donde yo misma me flagelo cada vez que te cruzas por mis inadvertidos pensamientos.

Me odio más a mi que a ti, me odio por darte aquello que no debí, me odio por escribir tu nombre en cada parte de mi, me odio por sentir tu perfume en mi nariz, me odio por querer odiarte con todas las fuerzas de mi ser, me odio porque por cobarde no puedo ni siquiera odiarte.

Queda destruida mi capacidad de amar.

Adiós amor!

El prefacio de este cuento, es que es tan miserable el amor, tan ególatra y veces un mal necesario. Más ruin y devastada queda mi destruida capacidad de querer a algún mortal. Más perverso el deseo de venganza hirviendo en mi sangre, vengarme de este corazón impostor, de este corazón abatido por silencios y golpeado por el grito abrumador del olvido.

No sirvo, para esto que los humanos llaman “amor” amor a medias, amores desechables, amores cobardes, amores verdugos llenos de traición y avaricia.

Me explota el alma y la cabeza no piensa en esta hora, mis impulsos recorren este cuerpo lleno de anestesia para amar.

Me inyecto de olvido en las venas y acurruco mi cabeza dentro de la enorme almohada donde alguna vez tu cabello se poso y que por algún sortilegio cruel se burla hoy de mi dejando al descubierto tu perfume de Channel, ese que alguna vez disfrute. Maldito, mil veces malditos, aquellos libros que alguna vez te leí, aquellas líneas que alguna vez te escribí y hoy se burlan de mi desgracia.