La respuesta…

Regrese esa noche.

Tomé el metro y llegue a la estación de bellas artes donde habíamos quedado. Espere un poco 5 minutos para ser exacta. Al ver que no llegabas te llame. Me dijiste que mejor suba a tu departamento porque te habías quedado dormida.

Me dirigí hacia allá, en el camino pensaba ¿ Qué estaba haciendo? …

Yo estaba feliz, pero en el fondo estaba todas esas cosas que harían imposible esto.

Deje de pensar, eso se verá después. Aparte era solo algo pasajero, yo no estaría mucho tiempo en esta ciudad, tenía que volver con … mi vida.

Solo era un día de haberte conocido y yo ya me estaba preocupando de más.

Salude al portero y subí, para colmo me di una perdida, no me acordaba muy bien el número del departamento, por fin llegue, toque la puerta y abriste de inmediato.

Te salude y de inmediato reconocí que estaba todo limpio.

Recuerdo que me dijiste que habías estado limpiando, porque la noche anterior esto estaba un desastre.

⁃ ¿ Por qué volviste ?

⁃ Mmm… porque tú me dijiste que lo haga jajaja.

– De verdad?

– No, la verdad porque quería verte aparte dijiste que me ibas a contar algunas cosas.

⁃ Claro, voy a contarte lo qué exactamente me preguntaste, espero que eso no te aleje de mi.

(Por mi cabeza pasaban muchas cosas, en el fondo no sé si quería escuchar lo que ella me tenía que decir. Al fin llego el momento y puedo contestar)

⁃ Trabajo en la noche, soy Prostituta.

⁃ Ah!

( Fue lo único que pude decir, no lo podía creer).

Ella no tenía pinta de eso, ni siquiera se vestía de un modo vulgar o provocativo, porque eso es lo qué pasa por la cabeza cuando alguien te dice que es algo así.

Yo no lo podía creer, me quede en silencio pensando en lo que me había dicho, en lo que me estaba haciendo sentir, en lo que me dolía esa respuesta.

Recordé la noche anterior, cuando llegue acá. ¿Cómo no me di cuenta? Ella vivía sola, en el departamento había un sofá de cuero rojo en donde me senté, había unos cuadros de Marilyn Monroe. Yo no vi esos detalles, ni las sábanas rojas. Ni el refrigerador lleno de botellas de Whisky y Champagne…

Yo solo la vía ahí, tocándome la cintura, acercándose despacio a mi. Besando muy lentito.

Desnudando mi alma y mi cuerpo con tal benevolencia que yo nunca antes había conocido.

Ella era toda dulzura, dócil, delicada. ¿En cambio yo? Yo no sabía de eso, yo no sabía de amores, no sabía de cariños, yo más bien era bruta con ella.

Yo la mordí tan fuerte que algunas veces tuvo que apartarme y pedirme que me relaje, porque la estaba lastimando.

Yo pensaba ¿ Qué cree esta mujer? ¿Es solo una noche?

No sabía que era hacer el amor, pero al parecer ella estaba decidida a enseñarme, fue tan sutil con cada parte de mí, que en las próximas horas yo era toda fragilidad.

Me besada de una forma tan delicada que a veces sentía que estaba en el cielo, eso si, dentro de mi infierno mi cielo.

Nadie antes me tocó con tal delicadeza, como ella, nadie me había besado tanto, me abrazo, no paraba de mirarme y eso me intimidaba.

Cuando la vi de reojo, con su pelo largo negro tan liso, su figura era perfecta en la sombra de la Luz tenue de la habitación, su mirada destellaba deseo y pasión. Aún tengo en los párpados su ropa interior negra con encajes transparentes, que dejaban al descubierto lo hermosa que es y esa sensualidad que la caracteriza. Yo estaba loca de deseo.

Yo sabía que nada ni nadie podría apartarme de ella…

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