No estaba sola… 

 Además de sentirme fatigada, por alguna razón también me siento compungida, escalofríos me recorren por completo. La cama en donde me encuentro no es la mía, la habitación es algo tenue y tétrica. 

Una pequeña punzada en el pecho me paraliza por unos segundos. 

Me siento mareada, un poco adolorida aunque no sé de dónde proviene exactamente el dolor. 
Esta vez las muñecas están intactas, no reconozco muy bien mis manos, mi piel está áspera, mis uñas secas. 

La bata blanca me es un poco familiar, la recuerdo como si hubiera sido ayer, pero ha pasado tanto tiempo.  

Mis ojos están algo borrosos, siempre he sido un poco miope, gran problema para alguien tan despistada como yo, que apenas diferencia la familiaridad cercana. 

  

Aún con mi poca visión puedo verte o mejor dicho puedo sentirte aquí cerca mío, escucho tu respiración etérea tan peculiar, puedo verte con esa mirada tímida, asustada diría yo, me miras no sé si con lástima o con cariño. 

 – Perdóname…  

-¿Quieres hablar ? 

-No, solo quédate aquí a mi costado y no me dejes, por favor no lo hagas… 

Sentada temblando frente a la computadora, el corazón acelerado y las manos tiritonas, no la dejaban seguir o mejor dicho empezar su historia. 

Los últimos días no había tenido ganas de escribir, se sentía vacía, quería algo de pasión y un poquito de la locura particular que la caracterizaba para poder terminar su historia. Pero hoy era uno de esos días, que se sentía más triste de lo normal, más descompuesta del alma que de lo común. Hoy una Epifanía sería casi imposible. 
-Por favor sal de mi cabeza, te lo ruego, no quiero escucharte más.(Unas lágrimas secas de dolor cayeron por sus pálidos pómulos)

!Detente por favor! 

Me estoy volviendo loca contigo aquí todo el día, no puedo pensar sin que estés aquí hablándome a toda hora. 
-Sabes que no me iré, que soy parte de ti, solo trato de ayudarte, ya antes hemos pasado por esto, solo es una crisis. 
-No, no lo es, la ultima vez, casi… 

Ya sabes lo qué pasó, no me obligues a hacer lo mismo, esta vez no quiero, de verdad no quiero. 
-Deja de luchar más contigo.

¡Despierta!  

Está es la realidad y en tu realidad yo soy más real que cualquiera de tus patéticas historias. 
-No quiero volver a ese lugar, no quiero pensar en la muerte como única salida, no quiero mentir para poder salir, si aún estás aquí conmigo. ¡Vete ya!

 

-¡Idiota! 

No me puedo ir, soy parte de ti. ¿Ya se te olvido cuando yo era tu cómplice, cuando yo era tu escape a la realidad? ¿Acaso se te olvido cuando yo sostenía ese cuchillo y te imploraba que no lo hagas, que no quería morir así?
-Deja de torturarme, ambas sabemos que no eres más que un invento de mi cabeza desquiciada, no existes, eres solo mi mente jugándome una mala pasada y por lo tanto yo tengo la autoridad. 
-Jajaja ¿Eso crees?? Claro que no, tu me invocaste en tu desesperación y yo fiel a ti acudí, no me pidas que me vaya sin saber ¿ Qué harías sin mi?…

 

Memorias incontables: beso 

Llegue como siempre con el tiempo justo a trabajar, caminaba lo más rápido posible, abrí la puerta y entre. Apenas salude a la cajera que estaba en la entrada cuando vi un rostro nuevo, aunque ya la había visto antes en el otro restaurante, solo camine rápido. En el vestíbulo mientras me ponía la ropa del trabajo, pensé que haría aquí. 

Trabajamos juntas ese día, me sonreía algunas veces y me preguntaba algunas cosas que aún no sabía, siempre le conteste con mi tono serio y amable. 

Empezamos a trabajar juntas, solíamos hablar pero muy poco de nuestras vidas personales. A veces hablábamos de los chicos que llegaban al restaurante, lo guapo que eran y ese tipo de cosas. 
Un día mis compañeras de trabajo me invitaron a un bar cercano, iba a estar la mayoría.  

Entre cervezas, comida chatarra  y algunos chismes del día la estábamos pasando muy bien, cuando de pronto le sonó el celular a Martina, ella contestó y dijo: Claro ahora les digo y vamos, total aquí ya casi cierran. 
Era ella quien la había llamado, se me había olvidado que algunas veces Martina me la menciono para decirme que era muy amiga de ella. 
Salimos del bar, algunas se despidieron e iban para sus casas y otras como Martina y yo nos quedamos. Caminamos hacia un auto negro que estaba esperando en la esquina entre Condel y Matta, habían dos sujetos dentro y hay estaba ella.  
Nos presentó a los sujetos, parecían buena gente.

Fuimos a la playa para seguir la fiesta ahí, empezamos a conversar todos y hablar un poco cada uno de sus vidas. De pronto me pidió que la acompañe al baño, buscamos un lugar alejado y me di la vuelta para que pueda orinar. Cuando terminó me pidió que me siente con ella junto a unas rocas que daban la impresión de bancos para conversar un poco. 

Me contó sobre sus vida y algunas cosas dolorosas que le habían pasado, yo la escuchaba atenta y veía como algunas lágrimas caían de su rostro, no podía abrazarla, solo le dije que se tranquilice, que todo en la vida pasa por algo. 
Desde ese momento nos hicimos inseparables, íbamos a todos lados juntas y nos contábamos todo, supuestamente… 
Ella empezó a salir con un muchacho, que por cierto me caía muy bien y yo con un ex compañero de trabajo el cual me había insistido tanto que le dije que si. 
Algunas cosas de pronto me desconcertaban, algunas veces no nos podíamos ver porque yo tenía mucho trabajo y ella me escribía con excesivo cariño, eso me hacía sentir algunos dolores en el estomago, no sabía si esa era su forma se ser, a lo mejor era así con todas su amigas. 
Un día después de tantos mensajes y salidas juntas, me puse a pensar que estaba sintiendo cosas extrañas por ella, que me gustaba sentirla cerca pero al mismo tiempo me daba tanto miedo eso. Decidí alejarme por completo, cero llamadas, mensajes y salidas… 
Pasó como un mes y me llamo Lorena, me contó que Martina regresaba a Florida y que en el departamento de Marcos mañana en la noche le harían su despedida, claro que acepte ir. Hacia muchos días que no veía al resto del grupo y sería una buena ocasión para juntarnos y desearle un buen viaje a Martina. 
No quería ir sola, así que llame a un amigo para que me acompañe. 

Ya que el muchacho con el que salía estaba trabajando. 

Cuando llegamos ya estaban varias amigas del trabajo nos saludamos y les presente a mi amigo. Marcos nos pidió de favor que vayamos por más cervezas porque no iba a alcanzar con la que había en la nevera, así que fui con mi amigo. Cuando estamos esperando que se abra el ascensor, salió ella con el novio y unas 3 amigas, apenas me vio, sentí como se clavaba su mirada penetrante en mi acompañante, no hubo tiempo de saludos ni nada, ellos salieron y nosotros entramos. 
Cuando regresamos al departamento con las cervezas; que por cierto demoramos mucho porque no había ningún lugar cercano donde comprar; algunos insinuaron que habíamos ido a otra parte y reían. 

 

Pasaron unos segundo cuando se me acercó, tenía un paso fuerte y su mirada era retándome o molesta no sabría hasta que se acercó a mi. 

Cuando hablo pude notar que había tomado algunos tragos antes, me reclamó por tanta indiferencia mía, porque no la había llamado ni respondido los mensajes. Yo estaba atónita, veía como algunos escuchaban lo que me decía, Martina se acercó y le dijo que se calmara que ya habría tiempo para hablar y que guardáramos nuestros tanques de celos para otra parte y echó a reír. 
Aún no podía saber qué pasaba, ella estaba furiosa conmigo de eso estaba segura. Yo sentía la cara roja porque algunas amigas no entendían que estaba pasando. Al conversar con Lorena me dio a entender que uno con tragos a veces exagera las cosas y a lo mejor ella de verdad me echaba de menos, porque yo ya no estaba tan al pendiente de ella como antes. 

Me dirigí al baño, sentía que la cara aún me ardía, cuando estoy por cerrar la puerta note que alguien la empujó y se metió conmigo. 

 

Era ella, me miraba algo más tranquila esta vez, me volvió a decir que me extrañaba que de la noche a la mañana yo había cambiando con ella. Me dijo que estaba muy linda esa noche, sentí el estomago descomponerse, las manos como nunca me empezaron a sudar. Yo miraba el espejo y trataba de no verla a los ojos. De pronto ella me giro y me empezó a decir que de verdad me extrañaba, me dijo que estaba tan linda y antes de poder contestar, me dio un par de besos en la mejilla, después me tomó la cara y me dio un beso en la boca… 

Olor a pollo y nostalgia 

Un olor entro por la ventana y el recuerdo rompió mi memoria unos instantes.  

Todos estábamos inquietos esperando que ella terminara de montar la mesa, tenía el cansancio en su rostro y las manos un poco sudadas como siempre las tenía. 

 

Hacía unos minutos llego de trabajar, porque para ella no había descansos y aprovechaba hasta el último minutos para trabajar y poder comprar un poco más para nosotros. La mesa estaba llena de enpanadas de carne de casi 8 centímetros, típicas de mi ciudad y sobretodo para estas fiestas, un panteón con olor a vainilla, el chocolate caliente era imposible que faltara y el pollo con papas porque la gente de dinero comía pavo, pero nosotros no nos alcanzaba para eso. 

Pero que más daba el pollo era delicioso, miraba a mi madre un poco cansada, pero feliz rodeando a sus 6 hijos, yo la miraba con cierta ternura y con la admiración que ella siempre inspiraba.  

Por fin se sentó a la mesa y nos pidió que hiciéramos lo que era habitual antes de comer, orar, agradecimos a Dios por tenernos por estar juntos, por los alimentos que había en la mesa y porque bendijera el hogar de los demás. 

Llegaban las 12 y salíamos a dar el abrazo a todos los vecinos, todo era alegría y risas. Empezaron a prender los muñecos para quemar el año viejo y esperar que el Año Nuevo sea todo lo mejor posible. 

Amaba esas fechas, amaba estar rodeada de mis hermanos, mi madre y mi abuela.  

Comíamos y la mesa era la más ruidosa, éramos felices con todo lo que teníamos, parecía que el dinero no hacía falta porque estábamos juntos y felices. 
Hoy, hoy que estoy a un par de horas del Año Nuevo, vacía, sentada en la oscuridad de mi alma y de mi habitación. 

Hoy no hay celebración, ni siquiera tengo el valor para llamar a mi madre, porque siento que ella descubrirá el vacío en mi voz. 

Hoy los extraño tanto y estoy tan lejos, lejos de ellos y de el corazón que algún día sintió amor por el mismo.  

Hoy solo es un día común que el olor de pollo que entro por mi ventana me recordó a mi infancia feliz, me recordó a la protección que sentía y de la que hoy no tengo, me recordó que hace mucho no se, ser feliz…