Los pájaros de Martina 

Martina, no era de lo más común.

Solitaria como siempre, caminaba envuelta en su pensamiento algo maduro para su edad, por las calles camino a casa. Mientras observaba los grandes cipreses que le daban sombra en esos días calurosos de verano, agradecía su presencia. 
El olor a tierra mojada y flores le anunciaban que estaba cerca de casa. La abuela la recibía con una enorme sonrisa. Ella observaba como regaba el jardín y con tal sutileza cortaba las hojas secas. Hace años era esa la pasión de la abuela. 
Se saco los zapatos, la ropa de escuela y se puso como ella solía decir, su ropa de mendiga para estar en casa. Abrió su libro favorito y se sumergió en el sin más. 
Los libros eran sus únicos amigos, los más fieles . 

Su madre no vivía con ella, era una mujer de negocios, solo llegaba de visita y fingía que de verdad le importaba, ella sabía que no era verdad. 

A veces llegaba su madre a visitarla y le decía que salga, que vaya con sus amigas de clase a tomar un helado o un café, que vea el mundo de verdad. 
¿Ella para que quería ver el mundo de verdad?  

Si ese mundo de verdad le había causado tanto dolor. Prefería su mundo mágico, llenos de sueños y deseos de imposibles que algunas veces se hacían realidad. 
Prefería sus libros, donde sus pájaros podían volar, donde las jaulas no existían, donde los hombres eran libre de volar y pensar. Donde lo imposible era más posible que la verdad, donde su alma tenía paz y su sonrisa iluminaba su esencia cada mañana. 
Los pájaros de Martina, recuerda que su madre se enfadó mucho con ella. La madre de Martina le había traído unos pájaros hermosos, que había comprado en uno de sus tantos viajes al Amazonas y se los obsequio para su cumpleaños. 

Ella quedó fascinada con la belleza de esos frágiles animales. Sus colores sutiles y a la vez vivaces, su plumaje frágil, se parecían a ella de alguna forma. Amó a sus pajaritos, era lo primero que veía en su despertar. 

Pero una noche los vio en sus sueños, los vio tristes y se acercó a preguntarles qué les pasaba, a lo que ellos le señalaron la jaula y ella despertó del sueño. 

Esa misma noche decidió dejarlos en libertad, abrió la ventana, los saco de la jaula y con una última mirada de ternura los dejo volar… 
Muchas veces las personas pueden abrir sus jaulas, pero les da tanto miedo volar y ser libres, que prefieren seguir en cautiverio… 

Valiente 

Valiente el que dice no te amo, sintiendo que ama con todas sus fuerzas y que cada palabra que dice rompe su propio corazón. 
Valiente el que quiere ver feliz a quien ama y renuncia a él, porque otro ya feliz lo hace. 
Valiente el que lucha con su propia alma, para sacarse de las entrañas al amor que no pudo ser. 
Valiente aquel que sonríe buscando su propia luz, mientras su corazón desgarrado se encuentra en las tinieblas. 
Valiente aquel que con lágrimas en los ojos ilumina el camino de otro. 
Valiente el que ese entrega por completo, sabiendo que no regresará ileso. 
Valiente el que vuelve a abrir su corazón 

a la dulce voz del amor!! 

Perdóname mi amor!! 

Te he fallado, lo sé… 
He sentido los pétalos rotos de tu corazón, bajo mis pies. 

He querido protegerte siempre y más bien he conseguido hacerte sentir el máximo dolor. 

Sé que eres mucho para mí, que no he merecido el amor que sentías por mí, que no he valorado la inmensidad de tu lealtad, que me he dañado lastimándote tanto.  
Deseo que seas feliz y sé que conmigo eso sería imposible. Porque mi forma de amar solo logra causarte dolor, porque mi forma de amar no te libra del mal que hay en mi, porque mi forma de amar te hiere el corazón y el alma. Porque mi forma de amar se extingue cuando te vas …  
Perdóname por causarte tanto daño, por creer que mi amor estaba al nivel que tú merecías, pero no he aprendido a amar bien. 
Solo he conseguido matar mi propia alma, hoy que te he lastimado. 

Tengo claro que de tu amor no he sido digno, que he mordido la mano que más amor me ha dado. 

Soy un tonto al decirte esta verdad amarga y matarte con mi deslealtad. 
Me duele en lo más profundo del ser haberte causado tanto dolor. 

Sé que soy un animal sin corazón, que no he valorado tu amor, pero me rompo a pedazos sabiendo que te he dañado. 
No puedo parar de llorar, sé que mis lágrimas no valen el dolor que te causado.

Mi vida inexistente sin ti no tiene sentido y por más que intente decir que te amo, sé que dirás que no es verdad, no he querido fallarte, no he querido ser débil . 

He querido amarte para siempre y siempre se hizo tan corto en otros brazos, en brazos que jamás disfrute porque no eran los tuyos. 

Sé que soy el peor idiota.

Jamás volverás a confiar en mí, jamás me volverás a amar. 

 

Pero no sé qué hacer con este dolor, tengo el corazón rasgado por mi propio engaño, me duele hasta los huesos, no espero que me perdones, porque yo mismo no lo puedo hacer… 

Solo espero que en algún momento de tu vida, dejes de odiarme por ser culpable de rompernos el corazón. 
Yo en verdad te amo, a mi modo ridículo, a mí modo idiota, fallándote tanto. Te amo!! 
No he tenido el valor para decirte lo importante que eres para mí y que aunque pasen mil años, siempre te amare. 
Que mi gran error nos cala los huesos, espero no olvides lo bueno, lo inmenso que solíamos tener, por este error que me condena, por este error que jamás me dejara ser feliz, ni tener paz.